Desenlace

Parte final de una obra narrativa o dramática.

¿Qué es el desenlace?

El desenlace es la parte final de una obra narrativa o dramática. Es el momento donde se cuenta cómo se resuelven los problemas que fueron presentados en el nudo de la historia. Por ejemplo: en el cuento “A la deriva” de Horacio Quiroga, el desenlace narra cómo muere Paulino, navegando en su canoa, tras ser mordido por una serpiente venenosa.

Toda narración debe respetar una secuencia lógica y coherente de los acontecimientos que se suceden en dicho relato. Esa secuencia está compuesta de tres momentos: principio, nudo y desenlace.

Tipos de desenlace

Algunos tipos de desenlace son:

  • Abiertos: aquellos en los que la acción es interrumpida antes de llegar al final, el lector nunca sabrá cómo termina, debe imaginarse el posible final.
  • Cerrados: aquellos en los que el problema se resuelve de manera concreta.
  • Felices: aquellos en los que cada personaje se siente a gusto con las condiciones de la historia.
  • Tristes: aquellos en los que los personajes expresan sentimientos como tristeza, frustración en relación al desenlace.
  • Previsibles: aquellos que brindan un final lógico según la información que fueron narrando a lo largo de la historia.
  • Sorpresivos: aquellos en los que se resuelve el conflicto, pero de una manera sorpresiva, el autor da un giro en la historia a último momento.
  • Dilemáticos: aquellos que ofrecen diversas soluciones a un problema y el lector es el encargado de elegir una posible.
  • Malos: aquellos en que se resuelven los problemas de manera trágica.
  • Invertidos: aquellos que muestran una situación final diferente a la situación inicial.
  • Promisorios: aquellos que sugieren diferentes posibles continuaciones.
  • Terminantes: aquellos que presentan un final cerrado, tal cual se esperaba desde el comienzo de la narración.

Ejemplo de desenlace

Mariposas de Samanta Schweblin

Ya vas a ver qué lindo vestido tiene hoy la mía, le dice Calderón a Gorriti, le queda tan bien con esos ojos almendrados, por el color, viste; y esos piecitos... Están junto al resto de los padres, esperan ansiosos la salida de sus hijos. Calderón habla, Gorriti mira las puertas todavía cerradas. Vas a ver, dice Calderón, quedate acá, hay que quedarse cerca porque ya salen. ¿Y el tuyo cómo va? El otro hace un gesto de dolor y se señala los dientes. No me digas, dice Calderón. ¿Y le hiciste el cuento de los ratones...? Ah, no, con la mía no se puede, es demasiado inteligente. Gorriti mira el reloj. En cualquier momento se abren las puertas y los chicos salen disparados, riendo a gritos en un tumulto de colores, a veces manchados de témpera, o de chocolate. Por alguna razón, el timbre se retrasa. Los padres esperan. Una mariposa se posa en el brazo de Calderón, que se apura a atraparla. La mariposa lucha por escapar, él une las alas y la sostiene de las puntas. Aprieta fuerte para que no se escape. Vas a ver cuando la vea, le dice a Gorriti sacudiéndola, le va a encantar. Pero aprieta tanto que empieza a sentir que las puntas se empastan. Desliza los dedos hacia abajo y comprueba que la ha marcado. La mariposa intenta soltarse, se sacude, y una de las alas se abre al medio como un papel. Calderón lo lamenta, cuando intenta inmovilizarla para ver bien los daños termina por quedarse con parte del ala pegada a uno de los dedos. Gorriti lo mira con asco y niega, le hace un gesto para que la tire. Calderón la suelta. La mariposa cae al piso. Se mueve con torpeza, intenta volar, pero no puede. Al fin se queda quieta, sacude cada tanto una de sus alas, y ya no intenta nada más. Gorriti le dice que termine con eso de una vez y él, por el propio bien de la mariposa por supuesto, la pisa con firmeza. No alcanza a apartar el pie cuando advierte que algo extraño sucede. Mira hacia las puertas y, como si un viento repentino hubiese violado las cerraduras, estas se abren, y cientos de mariposas de todos los colores y tamaños se abalanzan sobre los padres que esperan. Piensa si irán a atacarlo, tal vez piensa que va a morir. Los otros padres no parecen asustarse; las mariposas solo revolotean entre ellos. Una última cruza rezagada y se une al resto. Calderón se queda mirando las puertas abiertas, y tras los vidrios del hall central, las salas silenciosas. Algunos padres todavía se amontonan frente a las puertas y gritan los nombres de sus hijos. Entonces las mariposas, todas ellas en pocos segundos, se alejan volando en distintas direcciones. Los padres intentan atraparlas. Calderón, en cambio, permanece inmóvil. No se anima a levantar el pie de la que ha matado, teme, quizá, reconocer en sus alas muertas los colores de la suya.

Bibliografía:
  • Croci, Paula y otros; (2011) Lengua 2. Prácticas del lenguaje. Serie Logo nautas. Editorial Puerto de Palos.
  • Quiroga, Macarena y otros; (2016). Lengua y Literatura 3. Prácticas del lenguaje. Serie Llaves. Editorial Estación Mandioca.
  • Diab, Pabla y otros; (2017). Lengua y Literatura 2. Prácticas de lenguaje. Editorial Kapelusz.
Citar artículo:
Editorial Grudemi (2022). Desenlace. Recuperado de Enciclopedia de Lengua y Literatura (https://enciclopediadelenguayliteratura.com/desenlace/). Última actualización: agosto 2022.
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